Lectio divina 8 / Mayo 2020

DOMINGO IV DE PASCUA - A
(Juan 10,1-10)

1. A la escucha de la Palabra

1"Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; 2pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 4Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; 5a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños". 6Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. 7Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. 9Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, y encontrará pastos. 10El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Crea en ti un silencio profundo para escuchar la voz de Dios en los textos, en los acontecimientos y en las personas, especialmente en los pobres y en los que sufren. Jesús sigue vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de esperanza. A pesar de los pesares y de todos los anuncios de muerte, la última palabra la tiene la vida. Ese es el grito constante de la Resurrección del Señor.

2. La Palabra se ilumina

Israel tenía en su tradición creyente la afirmación de que Dios es "como un pastor". Ante una situación de abandono del rebaño y de aprovechamiento de unos malos pastores, el Señor anunciará por medio de su profeta que enviará un verdadero pastor, que será Él mismo. Y vendrá descrito con unas actitudes marcadas por la ternura y la misericordia, que serán las que Jesús se aplica a sí mismo como Pastor.
Jesús se presenta ante el pueblo como el Buen Pastor. Los pastores de Israel tenían pocas ovejas, las suficientes para sobrevivir sus familias. Las conocían por su nombre y, a su nivel, formaban parte del conjunto familiar. Por ello eran queridas, cuidadas, protegidas. Es más, Él será la puerta del redil; no hay otro lugar por donde puedan entrar las ovejas.
Así es Dios: un pastor que nos conoce, nos conduce y ama hasta dar su vida. Conocer la voz de este Pastor es dar la vida por lo que se escucha y por quien lo pronuncia. Él es el Pastor de nuestra felicidad, el que nos conduce por los caminos en los que esa felicidad es posible. Por eso, seguir a Jesús, saberse ovejas de su redil, es vivir en paz y en luz, aunque la vida sea dura, aunque amenacen nubarrones o nos envuelva la oscuridad.

3. La Palabra salva nuestras vidas

Llamados por "nuestro nombre"

En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con Él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente.

Es importante sentirnos llamados por Jesús "por nuestro nombre". Dejarnos atraer por Él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como Jesús a nuestras preguntas más decisivas, a nuestros anhelos más profundos y a nuestras necesidades últimas.

Caminar teniendo a Jesús "delante de nosotros"

Es vital caminar teniendo a Jesús "delante de nosotros". No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: Dios en Jesús se nos muestra más humano, más amigo, más cercano y salvador..., que lo que puedan señalar todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida. La fe de la Iglesia, de nuestras comunidades, en estos momentos, se va reavivando o extinguiendo en la actitud, generosidad y ejemplo de quienes nos sentimos cristianos.

Nadie indispensable, todos necesarios

Nadie es indispensable en este mundo, siempre habrá otro médico, otro empresario, otro cura, otro papa. Pero para Dios todos somos indispensables en lo que somos, en lo que valemos para Él. Nos necesita a cada uno de nosotros. No puede vivir sin nosotros. A Dios le importa poco lo que hacemos; le importa lo que somos: hijos e hijas de Dios. Ni un santo puede reemplazarnos en el corazón de Dios aunque seamos pecadores; somos hijos irrepetibles e irremplazables.

Muchas veces nuestra vida nos parece inútil; para Dios nunca lo es. Cuenta siempre con nosotros, como personas, como hijos en quienes poner su amor. Acaso inútiles para el trabajo, para el mundo..., nunca para Dios. ¡Y Jesús es la puerta!

Hoy es un día para caminar, con Jesús, al lado de nuestros pastores. Y para meditar que la comunidad hace a sus pastores... No se trata de entrar por el aro, sino de pasar con Jesús por la puerta que abre el mundo a la esperanza. "Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo en que están más secas las esperanzas" (Cervantes).

4. Rezamos a la luz de la Palabra

(Salmo 22: "El Señor es mi pastor, nada me falta"...

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Gracias, Señor, por nuestros pastores: que vayan por delante de nosotros en los caminos de la bondad, que estén entre nosotros para ayudar a que la vida sea abundante y llena de esperanza para todos. ¡Abre tu puerta, Señor, que te escucho! ¡Abre tu puerta, Señor, y déjame entrar contigo! Que como María, tu Madre, podamos no solo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

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